De todos es sabido que el ser humano es un ser social y esto implica, entre otras cosas, haber recibido conocimientos complejos mediante el lenguaje articulado. Precisamente, lo que nos diferencia de otras especies animales es el hecho de poder aprender palabras números o conceptos complejos y transmitirlos a otras personas.
Una de las consecuencias de la transmisión de los valores culturales es que existen determinadas creencias que son asumidas como lugar común por un colectivo. Sorprende comprobar, como ya demostró a principios de siglo el psicoanalista Carl Gustav Jung, que los arquetipos y creencias son comunes en la mayoría de latitudes del mundo. Por lo tanto, podemos concluir que nuestras luces y sombras son más o menos las mismas, aunque se disfracen con ropajes distintos.
Un paso cualitativo que da mucha gente es que, sin renunciar a la espiritualidad, no cree que sus creencias le resulten limitantes para conseguir lo que desea. En consecuencia, la creencia puede ser gasolina que nos dé fuerza para cumplir nuestras metas o, por el contrario, un impedimento no verbalizado pero tan efectivo o más que los otros casos.
Por lo tanto, es recomendable que hagamos un balance de cuáles son nuestras creencias y si estas nos aportan o no en nuestro crecimiento personal. Es importante decir que cambiar de criterio no significa que no tengamos en un determinado momento unos valores o determinaciones; simplemente, es cuestión de sopesar qué es lo que nos hace bien y aquello que nos ayude a alcanzar nuestras metas.
Es común que, durante la adolescencia y una vez que entramos en la edad adulta, cuestionemos todos los valores que nos han inculcado. Ese conflicto, en condiciones normales, servirá para que acabemos configurando un sistema propio de creencias. Muchas personas lo mantienen inalterable durante toda la vida, mientras que otras (las más) lo van modulando a través de la experiencia.
Ahora bien, también sucede que las creencias que se modulan con la experiencia pueden ser positivas o negativas. Precisamente, cuando se ha vivido una situación traumática, es habitual que la persona infiera generalizaciones negativas y, si no se compensa con otras experiencias positivas, el caldo de cultivo para la depresión está ahí. Por eso es fundamental que se tenga una vida social rica y variada.
Un consejo útil que te podemos dar es que te plantees si realmente tu sistema de creencias te está ayudando a alcanzar todo lo que deseas. Quizás te encuentres con que lo que piensas no te permite ser feliz y, de ser así, sería bueno que le dieras una vuelta. Probablemente, hay pensamientos que no son útiles, que únicamente te mortifican y que no te sirven para avanzar. A veces puedes necesitar una ayuda suplementaria para retirar esas creencias.
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